JOVEN, ESTA CUARESMA, EL ESPÍRITU TE LLAMA A IR AL DESIERTO

¿Y qué es este irse al desierto?

Ya estamos en Cuaresma y seguramente tienes algún propósito concreto que cumplir, alguna forma de hacer ayuno, dar limosna o crecer en la oración. Si eres joven como yo, probablemente tengas varios y quieras hacerlos con ganas cambiarte a ti y cambiar al mundo. Sin embargo, siempre corres el riesgo de pensar que vas a hacer lo mismo de todos los años, de que este tiempo de conversión se convierta en un sacrificio vacío, de que el ruido del mundo se sobreponga. Y para que eso no te pase y puedas vivir un cambio real, te invito a pensar ¿Qué hizo Cristo cuando tuvo que estar cuarenta días en ayuno y oración?

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para que el diablo lo pusiera a prueba. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre.” (Mt. 4, 1); “Enseguida el Espíritu lo llevó al desierto, donde fue estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían” (Mc. 4, 12-13); “Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto” (Lc. 4, 1). En todos estos pasajes hay un detalle que puede pasarte desapercibido, pero que puede ser la clave para vivir mejor está Cuaresma: el Espíritu lo llevó al desierto.

Ponte en contexto. Jesús acaba de ser bautizado en el Jordán y antes de empezar a predicar, decide caminar varios kilómetros para ir al desierto. Puede que imagines un desierto con grandes dunas de arena, sin embargo, el desierto al que fue no es así. Es una enorme serie de montañas rocosas, que en lugar de tener arena están formadas de pequeñas piedras. Desde arriba de cada montaña se puede observar un desierto que parece no tener final, para donde se mire solo hay más rocas. Además, hay un silencio sepulcral, que solamente se interrumpe cuando se escucha la brisa. Retirarte ahí, a ese lugar, es lo que puede hacer la diferencia para ti esta Cuaresma.

El Espíritu te llama a ir al desierto. Y te llama especialmente a ti, joven que estás más inmerso en el barullo del mundo. Pero no te digo que vayas a comprar un boleto de avión a Israel para ir al desierto, sino que vayas al desierto en tu corazón, porque el contexto de nuestro corazón importa mucho para llevar bien nuestro propósito de Cuaresma.

¿Y qué es este irse al desierto? Es tener la actitud del corazón de estar dispuesto a caminar varios kilómetros para llegar a él, distanciándote de aquellas personas y aquellas cosas del mundo que estorban a tu ayuno y oración. Es ver en tu interior esa interminable fila de montañas y de rocas, de defectos y vicios, y saber aceptar que, para alcanzar la santidad, vas a tener que luchar con todos ellos y que, aunque parezcan interminables, el Espíritu es quien te puso ahí y es Él quien te sacará de ellos. Es tener el corazón en un silencio tan profundo, tan aislado de los ruidos del mundo, que solamente escuches la brisa que pasa, para que como el profeta Elías cuando se retiró al desierto, no escuches a Dios en el fuego ni en la tormenta, sino en la suave brisa que pasa.

Piensa que, retirarte al desierto en tu interior, hará que esta Cuaresma sea distinta. Ve por ejemplo la vida de Juan el Bautista. Pasó muchísimo tiempo en el desierto y después de eso, ¡En cuanto vio a Jesús supo reconocerlo inmediatamente! ¿A poco no te gustaría que, al terminar esta Cuaresma, en cuanto Cristo se acerque a ti, puedas reconocerlo de inmediato? O mira al pueblo de Israel, su momento de más cercanía con Dios fue ¡Mientras estaban en el desierto! Era Él mismo quien les guiaba, su presencia estaba en la tienda del encuentro, incluso hablaba cara a cara con Moisés y se preocupaba tanto por mimar a su pueblo que les mandó el maná. ¿No sería extraordinario tener la disposición interior que más cercanía con Dios nos dé? Para que Él mismo te guíe, para que estés en su presencia, puedas hablar con Él y te mime.

Así que te invito a que, en este tiempo, como Cristo, te dejes guiar por el Espíritu al desierto. Te aseguro que, en tu interior, tú sabes qué cosas y qué actitudes son las que pueden llevarte a ese desierto. Y créeme que, si tienes la intención de ir ahí, tal vez sin saber cómo llegarás, tus propósitos de Cuaresma darán más fruto que nunca y de repente verás que vives la Semana Santa mucho más cerca de Cristo, porque te has preparado igual que Él.

 

UNA NOTA DE: PABLO VIDAL GARCÍA EN CATHOLIC.NET

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